lunes, 23 de febrero de 2026

Compresión manual prolongada en hemorragias no controladas. Cuando la tecnología eclipsa lo esencial

 Introducción

En un contexto sanitario cada vez más protocolizado, tecnificado y dependiente de dispositivos, algunas intervenciones básicas, pero vitales, han quedado relegadas a un segundo plano. La compresión manual prolongada en el control de hemorragias es una de ellas.

Paradójicamente, hablamos de una técnica sencilla, de bajo coste y con una eficacia contrastada desde los orígenes de la medicina… que hoy corre el riesgo de olvidarse.

Este artículo no pretende ir contra la innovación. Al contrario: busca reconciliar la tecnología con el juicio clínico, recordando que, en determinadas situaciones, dos manos entrenadas pueden marcar más la diferencia que cualquier dispositivo de última generación.



La hemorragia no controlada: una carrera contra el tiempo

La hemorragia aguda sigue siendo una de las principales causas de muerte evitable en urgencias, trauma y entornos prehospitalarios. La pérdida rápida de volumen sanguíneo conduce a:

  • Hipovolemia
  • Shock hemorrágico
  • Hipoxia tisular
  • Fallo multiorgánico

En este escenario, el tiempo es el factor crítico. Cada segundo sin control efectivo del sangrado compromete el pronóstico.

¿Qué es la compresión manual prolongada?

La compresión manual prolongada consiste en aplicar presión directa, firme y mantenida sobre el foco hemorrágico con el objetivo de:

  • Colapsar los vasos sangrantes
  • Favorecer la hemostasia natural
  • Ganar tiempo hasta la intervención definitiva

No es una maniobra “transitoria” menor. Bien ejecutada, es una intervención terapéutica en sí misma.

Por qué se olvidó: la obsesión por los dispositivos

En los últimos años, el abordaje del sangrado ha incorporado múltiples herramientas:

  • Torniquetes comerciales
  • Vendajes hemostáticos
  • Dispositivos de compresión mecánica
  • Algoritmos rígidos de control del sangrado

Todo ello ha aportado valor, sin duda. Pero también ha generado un efecto colateral: la falsa percepción de que sin un dispositivo, no hay intervención válida.

La consecuencia es clara:

  • Se retrasa la actuación esperando material
  • Se infrautiliza la compresión manual
  • Se delega el control del sangrado al “protocolo”, no al profesional

Por qué importa: cuando las manos superan al protocolo

La compresión manual prolongada sigue siendo clave porque:

  1. Es inmediata: No requiere preparación ni material específico.
  2. Es universal: Funciona en cualquier entorno: urgencias, domicilio, calle, hospital, catástrofes.
  3. Es adaptable: Permite modular presión, localizar el punto exacto y reevaluar constantemente.
  4. Es clínica, no mecánica: Integra observación, tacto, respuesta del paciente y evolución del sangrado.

En situaciones de hemorragia masiva, la diferencia entre actuar y buscar el dispositivo adecuado puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Técnica correcta: mucho más que “apretar”

Desde una perspectiva docente, la compresión manual eficaz requiere:

1. Localización precisa del foco

No comprimir “donde parece”, sino donde sangra. Retirar coágulos superficiales si es necesario para identificar el punto real.

2. Presión firme y constante

  • Presión suficiente para colapsar el vaso
  • Sin intermitencias
  • Sin “comprobar cada 10 segundos”

La presión que se interrumpe, fracasa.

3. Tiempo adecuado

La hemostasia no es instantánea.

En muchos casos se requieren 10–15 minutos continuos sin liberar la presión.

4. Protección del profesional

Uso de guantes y barreras, sin comprometer la eficacia.

5. Reevaluación clínica

Color, pulso distal, nivel de conciencia, signos de shock.

Errores frecuentes

  • Soltar la presión demasiado pronto
  • Cambiar de técnica sin necesidad
  • Priorizar el vendaje sobre el control real del sangrado
  • Confiar en que “el dispositivo hará el trabajo”

La compresión manual no es un paso previo, es un pilar del control hemorrágico.

Bibliografía

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