Detrás de cada cuidado hay años de estudio, decisiones difíciles y una vocación que no entiende de horarios.
12 de mayo. Día Internacional de la Enfermería.
Blog sobre técnicas, procedimientos, cuidados enfermeros... en Urgencias y UCI
Detrás de cada cuidado hay años de estudio, decisiones difíciles y una vocación que no entiende de horarios.
12 de mayo. Día Internacional de la Enfermería.
El i-gel® es un dispositivo supraglótico de segunda generación con manguito no inflable, diseñado para adaptarse anatómicamente a la hipofaringe. Su facilidad de inserción y alta tasa de éxito lo convierten en una herramienta clave en el manejo avanzado de la vía aérea, especialmente en situaciones tiempo-dependientes.
No obstante,
su eficacia depende directamente de una técnica correcta, una selección
adecuada del tamaño y una confirmación objetiva de la ventilación.
Durante años, la intubación orotraqueal ha sido considerada el estándar de oro del manejo avanzado de la vía aérea. Sin embargo, la evidencia acumulada en urgencias, emergencias extrahospitalarias y áreas críticas ha demostrado que los dispositivos supraglóticos (DSG) no son una alternativa de segunda línea, sino herramientas estratégicas de alto valor clínico, especialmente en escenarios de vía aérea difícil, deterioro rápido o limitación de recursos.
Las guías
actuales de la European Resuscitation Council y la Sociedad Española de
Medicina de Urgencias y Emergencias incorporan los DSG como parte esencial de
los algoritmos modernos de vía aérea, subrayando su rapidez de inserción,
elevada tasa de éxito y menor interrupción de la ventilación y la RCP.
Desde la
perspectiva enfermera, el conocimiento avanzado de estos dispositivos ya no es
opcional: es una competencia crítica ligada a la seguridad del paciente.
Identificar los errores más frecuentes es el primer paso para evitarlos. Este artículo revisa cinco fallos habituales en el triaje y ofrece claves prácticas para mejorar la seguridad del paciente.
Poco frecuente, pero cuando aparece… no hay margen de error
La sonda
Sengstaken-Blakemore (SSB) es uno de esos dispositivos que rara vez se
utilizan, pero cuya aparición marca un punto de inflexión en la atención al
paciente crítico. Su uso implica una situación de hemorragia digestiva alta
masiva, generalmente secundaria a rotura de varices esofagogástricas, en la
que han fracasado las medidas farmacológicas y endoscópicas iniciales.
No es una
técnica de rutina. Es una maniobra de rescate, agresiva, temporal y
potencialmente peligrosa. Precisamente por ello, el papel de la enfermería
es determinante para transformar una técnica de alto riesgo en una
intervención eficaz y segura.
El sangrado nasal posterior es una de esas situaciones clínicas que generan incomodidad, tensión en el equipo y, a menudo, una falsa sensación de falta de control. No porque no existan recursos, sino porque el taponamiento nasal posterior sigue siendo una técnica poco entrenada, a pesar de su alta eficacia cuando se aplica con criterio y vigilancia enfermera adecuada.
En
urgencias, el control inicial de la epistaxis suele resolverse con medidas
simples. Sin embargo, cuando estas fallan y el sangrado persiste, profundo y no
visible, el abordaje posterior se convierte en una intervención clave,
donde la enfermería tiene un papel decisivo.
El sellado correcto de la mascarilla facial es el elemento más determinante para una ventilación manual eficaz. Sin un sellado adecuado, el volumen administrado no llega al pulmón, se favorece la distensión gástrica y aumenta el riesgo de aspiración, hipoxia y fracaso ventilatorio. En este contexto, la técnica de sellado no es un gesto accesorio, sino una competencia clínica avanzada, especialmente relevante en el paciente crítico y politraumatizado.
Más olvidada que el fonendo. Y, sin embargo, decisiva en paradas, traslados y fallos de ventilación mecánica.
En un
entorno cada vez más dominado por la tecnología, la ventilación con bolsa
autoinflable (BAVU, AMBU®) ha quedado injustamente relegada a un segundo plano.
Se asume como una técnica básica, casi automática, cuando en realidad es una habilidad
avanzada, determinante en situaciones críticas y profundamente dependiente
de la competencia profesional de quien la ejecuta.
En parada
cardiorrespiratoria, durante traslados intrahospitalarios, en fallos de
ventilación mecánica o en el deterioro respiratorio súbito, la bolsa
autoinflable no es un recurso de transición: es el soporte ventilatorio
principal. Y, como toda técnica clave, exige precisión, entrenamiento y
criterio enfermero.
Cada 8 de marzo, la enfermería española celebra a su patrón, San Juan de Dios, figura histórica que entendió el cuidado no como un acto accesorio, sino como el eje central de la atención a la persona.
No es una fecha menor ni simbólica: es una oportunidad para detenernos y reflexionar sobre qué sostiene realmente nuestro sistema sanitario cuando todo lo demás falla.
La respuesta es clara y, a menudo, incómoda por su sencillez: los cuidados.
Y los cuidados, en nuestro contexto, tienen nombre propio: enfermería.
La parada cardiorrespiratoria (PCR) en el entorno perioperatorio representa uno de los escenarios más críticos a los que puede enfrentarse un equipo sanitario. Aunque su incidencia es baja, su impacto es máximo. En este contexto, la identificación precoz de la causa reversible es tan importante como la calidad de la RCP.
Aquí es
donde cobran especial relevancia las 9H y 9T, un marco mental
imprescindible durante el soporte vital avanzado.
https://rafaherreraacpv.substack.com/p/las-9-h-y-9-t-en-paro-perioperatorio
Introducción
En un contexto sanitario cada vez más protocolizado, tecnificado y
dependiente de dispositivos, algunas intervenciones básicas, pero vitales, han
quedado relegadas a un segundo plano. La compresión manual prolongada en el
control de hemorragias es una de ellas.
Paradójicamente, hablamos de una técnica sencilla, de bajo coste y con una
eficacia contrastada desde los orígenes de la medicina… que hoy corre el riesgo
de olvidarse.
Este artículo no pretende ir contra la innovación. Al contrario: busca reconciliar
la tecnología con el juicio clínico, recordando que, en determinadas
situaciones, dos manos entrenadas pueden marcar más la diferencia que
cualquier dispositivo de última generación.
Introducción
Más allá de su aparente sencillez, la válvula de Heimlich representa uno de los mejores ejemplos de cómo una solución técnica bien diseñada puede reducir complejidad sin perder seguridad. Se trata de un sistema unidireccional que permite la evacuación continua de aire del espacio pleural, evitando el reflujo y disminuyendo el riesgo de neumotórax a tensión, incluso en situaciones de movilidad del paciente o ausencia de sistemas de drenaje convencionales.
Su uso, especialmente en el ámbito de urgencias y en escenarios de traslado o manejo ambulatorio, exige algo más que conocer su mecanismo: requiere criterio clínico, vigilancia constante y comprensión de sus límites. Una válvula correctamente indicada y bien manejada puede facilitar la recuperación del paciente; una válvula mal orientada, obstruida o desconectada puede convertirse rápidamente en una urgencia vital.
Desde la perspectiva enfermera, esta técnica no se limita a la conexión de un dispositivo. Implica evaluación respiratoria continua, interpretación clínica de signos sutiles y anticipación de complicaciones, competencias que definen a la enfermería experta en entornos críticos. La válvula de Heimlich, por tanto, no es una técnica menor ni residual: es una herramienta vigente que sigue salvando vidas cuando se aplica con conocimiento y responsabilidad profesional.
El drenaje pleural con válvula de
Heimlich es una técnica sencilla en apariencia, pero crítica en su manejo. Un
error en la manipulación, colocación o vigilancia puede convertir una solución
en un problema grave.
En urgencias y UCI, la enfermería
es la principal responsable del control funcional y de la seguridad del
sistema, especialmente en pacientes con neumotórax, posprocedimiento o traslado
interhospitalario.