Introducción
En un contexto sanitario cada vez más protocolizado, tecnificado y
dependiente de dispositivos, algunas intervenciones básicas, pero vitales, han
quedado relegadas a un segundo plano. La compresión manual prolongada en el
control de hemorragias es una de ellas.
Paradójicamente, hablamos de una técnica sencilla, de bajo coste y con una
eficacia contrastada desde los orígenes de la medicina… que hoy corre el riesgo
de olvidarse.
Este artículo no pretende ir contra la innovación. Al contrario: busca reconciliar
la tecnología con el juicio clínico, recordando que, en determinadas
situaciones, dos manos entrenadas pueden marcar más la diferencia que
cualquier dispositivo de última generación.
