El sangrado nasal posterior es una de esas situaciones clínicas que generan incomodidad, tensión en el equipo y, a menudo, una falsa sensación de falta de control. No porque no existan recursos, sino porque el taponamiento nasal posterior sigue siendo una técnica poco entrenada, a pesar de su alta eficacia cuando se aplica con criterio y vigilancia enfermera adecuada.
En
urgencias, el control inicial de la epistaxis suele resolverse con medidas
simples. Sin embargo, cuando estas fallan y el sangrado persiste, profundo y no
visible, el abordaje posterior se convierte en una intervención clave,
donde la enfermería tiene un papel decisivo.




