Introducción
La ventilación mecánica invasiva constituye una de las intervenciones fundamentales en el tratamiento del paciente crítico. Sin embargo, mantenerla durante más tiempo del necesario puede asociarse a complicaciones relacionadas con la propia ventilación, la vía aérea artificial, la inmovilidad, la sedación y la estancia prolongada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
Por este motivo, la retirada de la ventilación mecánica debe plantearse tan pronto como la situación clínica del paciente lo permita.
La liberación de la ventilación mecánica no debe entenderse como un único acto, sino como un proceso que comienza con la valoración de la recuperación del paciente, continúa con una prueba de respiración espontánea (SBT, Spontaneous Breathing Trial) y culmina, cuando procede, con la extubación y la vigilancia estrecha posterior.
La guía de práctica clínica de la American Association for Respiratory Care (AARC), publicada en 2024, recomienda realizar una valoración estandarizada diaria para identificar a los pacientes candidatos a una prueba de respiración espontánea. También establece que la SBT puede realizarse con o sin presión de soporte y que no debe incrementarse la FiO₂ durante la prueba.
Para enfermería, este proceso tiene una importancia especial: la enfermera participa en la valoración continua, preparación del paciente, vigilancia durante la prueba, identificación precoz de signos de intolerancia y cuidados posteriores a la extubación.