Introducción
El paciente intubado no puede mantener por sí mismo una vía aérea libre de secreciones con la misma eficacia que una persona con una vía aérea intacta. La presencia del tubo endotraqueal altera los mecanismos fisiológicos de humidificación, filtración y eliminación de secreciones, favoreciendo su acumulación en la vía aérea.
La aspiración de secreciones a través del tubo endotraqueal constituye, por tanto, una intervención fundamental dentro de los cuidados del paciente sometido a ventilación mecánica.
Pero existe un error frecuente:
Aspirar no significa aspirar siempre.
La aspiración debe realizarse cuando existe una indicación clínica y después de valorar al paciente. La guía de práctica clínica de la American Association for Respiratory Care (AARC) recomienda la aspiración en adultos cuando existen signos como secreciones visibles en la vía aérea, ruidos respiratorios sugestivos o un patrón de "dientes de sierra" en la onda del ventilador.
Una técnica incorrecta puede producir hipoxemia, alteraciones hemodinámicas, broncoespasmo, traumatismo de la mucosa, pérdida de volumen pulmonar y otras complicaciones.
Por ello, la aspiración de secreciones debe entenderse como una intervención clínica basada en la valoración enfermera, y no como una maniobra mecánica.



