Los traumatismos
cerrados se producen habitualmente por impactos de alta energía, como caídas
desde una elevada altura, aplastamientos, colisiones de tráfico,
atropellamientos, ahorcamientos o estrangulaciones.
El traumatismo
maxilofacial es el mecanismo más frecuente de lesión de la VA. Puede asociar la
presencia de un trismus, que normalmente se resuelve tras la inducción
anestésica. En estos casos, suponen un mayor problema la presencia de
hemorragia, hipoxia y el riesgo de aspiración.
Lesiones en el
cartílago cricoides y en la membrana cricotiroidea ocurren en el 50% de los
casos en los que hay compromiso de la VA y la separación laringotraqueal hasta
en un 63%. La VA puede permanecer permeable si se mantiene la ventilación
espontánea debido a la contención mecánica del tejido conectivo de alrededor,
aunque la situación se puede deteriorar rápidamente.
Los traumatismos a
nivel de la laringe pueden presentar síntomas inespecíficos como tos, disnea,
afonía, estridor, crepitantes laríngeos, hemoptisis o enfisema subcutáneo.
Tanto el estridor como la hemoptipsis se han relacionado con lesiones severas.